Historia

Como se menciono anteriormente, la estatua del Niño Jesús de Praga fue traída a Bohemia por una princesa Española, cuya madre le había dado a ella como regalo de bodas. Esta noble dama, a su vez presenta la imagen querida a su hija, cuando el esposo de la última muere, en 1623, ella decide pasar el resto de sus días en las obras de piedad y caridad.

Ella fue particularmente generosa con las Carmelitas de Praga, quien, después que el emperador Fernando II, su fundador, había cambiado su residencia a Viena, cayó en la más absoluta indigencia de tal manera que a veces tenían apenas lo suficiente para comer. Por consiguiente, presento su amada estatua a los religiosos con estas palabras proféticas:

“Aquí les traigo el objeto de mi mayor aprecio en este mundo. Mientras que se venere esta imagen no van a pasar necesidad”

Su predicción fue comprobada. Mientras que el Divino Niño fue venerado, Dios se mostró asimismo como un ayudante, a través de Su Hijo y la comunidad prosperó espiritualmente pero también temporalmente. Sin embargo, cuando la devoción al Niño Jesús estaba sosegada, la bendición de Dios parecía salir de la casa.

La estatua fue puesta en el oratorio del monasterio y dos veces al día se llevaron a cabo devociones especiales ante este. Aquí los religiosos buscaron alivio en su amarga necesidad de Aquel que por amor a la humanidad se había convertido en pobre.

Los novicios se dedicaron sobre todo al Santo Niño. Uno de ellos, Cirilo de la Madre de Dios, que fue el más dedicado al Santo Niño, encontró repentinamente el alivio interior a través de esta devoción.

Olvidada

Sin embargo, la devoción al Divino Niño fue de corta duración. A causa de los disturbios de la Guerra de los años treinta, el noviciado fue trasladado en 1630 a Munich, Alemania. Con el hermano Cirilo y los otros novicios, los más fervientes adoradores del Niño Jesús de Praga habían partido. Las devociones especiales que se realizaban ante la imagen se descuidaron de forma gradual. La prosperidad de la comunidad declino y la necesidad y la angustia se hicieron sentir de nuevo.

Entonces el Rey Gustavo Adolfo de Suecia, el enemigo acérrimo del catolicismo, invadió Alemania. Muchos huyeron de Praga, entre todos menos dos de los miembros del monasterio Carmelita.

El 15 de noviembre de 1631, más de ochenta predicadores protestantes tomaron posesión de las iglesias de la ciudad. El monasterio carmelita fue saqueado y la “superstición Papista”, como los protestantes llamaban a la imagen, fue arrojada sobre un montón de escombros detrás del altar mayor. Ambas de sus manos fueron quebradas por la caída, pero, como era hecha de cera, no hubo mas daño. Aquí el Niño Milagroso permaneció durante siete años, olvidado por todos.

Cuando regresaron los carmelitas a Praga, la imagen milagrosa fue olvidada por completo en la lucha continua por los medios de subsistencia. La necesidad y la desgracia eran el destino de la comunidad, mientras duro el abandono. Un novicio encontró la imagen un día, pero sin consideración la echo a un lado. Por extraño que parezca, un cambio notable se apoderó de él. A pesar de que había estado prometiendo en todos los aspectos, ahora se mostraron tales signos de una falta de vocación, que fue despedido.

Mientras la estatua milagrosa seguía descuidada, una desgracia particular se posaba en el monasterio. Este estado duró siete años.

Encontrada

En la fiesta de Pentecostés, 1637; el Padre Cirilo de la Madre de Dios, el mismo que, mientras fue novicio, había sido liberado de una sequedad molesta del alma a través de su ferviente devoción al Santo Niño, regreso a Praga. Por desgracia, Praga fue invadida de nuevo por los ejércitos protestantes. La angustia fue indescriptible. En esta extremidad el superior reunió a la comunidad a ofrecer oraciones humildes para apaciguar la ira de Dios.

El Padre Cirilo ahora se recuerda de los favores que antes recibió a través del Niño Jesús de Praga y con el previo consentimiento busco en todos los rincones del monasterio, hasta que encontró el tesoro perdido hace mucho tiempo, casi enterrado en el polvo. Lleno de alegría y gratitud, cubrió la estatua desfigurada con lágrimas y besos y luego la coloco en un altar en el oratorio. Las devociones olvidadas hace mucho tiempo se reviven ahora con renovado vigor. Los religiosos le expusieron sus necesidades al Niño Divino y con Él se encontró fuerza y consuelo.

Veneración Revivida

Como en años anteriores, el Padre Cirilo era el discípulo más ferviente del Santo Niño. Un día, al rezar ante la estatua, oyó claramente estas palabras,

“Ten piedad de mí y yo tendré piedad de ustedes. Devuélveme mis manos y yo te daré la paz. Cuanto más me honren, más los bendeciré”

El Padre Cirilo quedo asombrado al oír estas palabras, porque no se había dado cuenta de que las manos del divino niño habían desaparecido, debido al manto con el que estaba cubierto. Con rapidez se dirigió al superior y le rogó reparar la imagen. Pero el superior considero a la comunidad demasiado pobre como para incurrir en este gasto aparentemente inútil.

Entonces el Padre Cirilo, a través de la Santísima Virgen, le suplicó al Padre Celestial para enviar limosnas suficientes para tener la estatua reparada. Su confianza se vio recompensada. Tres días más tarde, fue llamado a visitar a un hombre rico, a quien le relató la historia de la estatua notable. El enfermo a su vez, le dio una generosa suma de dinero para el propósito de reparación.

Sin embrago, el superior decidió comprar una estatua completamente nueva. Pero el Divino Niño pronto manifestó su desagrado. Apenas la nueva estatua había sido puesta cuando fue destrozada por la caída de un candelabro. La imagen vieja y mutilada fue destinada a continuar como un objeto de veneración en el monasterio. El superior se puso intranquilo y renunció a su cargo. Esto fue considerado generalmente como un castigo infligido por el Divino Niño.

El sucesor del superior, el padre Dominic de San Nicolás, debido a la falta de fondos le fue imposible cumplir el deseo del Padre Cirilo. De nuevo el Padre Cirilo decepcionado, a través de la Madre de Dios, le rogó al Divino Niño para enviar a sus superiores los fondos necesarios para reparar la imagen.

Un día una mujer le dio una gran suma de dinero. Cuando quiso darle las gracias, ella había desaparecido, nadie la había visto llegar ni partir. El fraile feliz, se arrodilló ante el altar de Nuestra Señora del Santo Escapulario y le ofreció la gratitud al cielo.

El superior, sin embargo, le asignó sólo una parte muy pequeña de la suma para la reparación de la estatua. Esto resultó ser insuficiente y el Padre Cirilo se encontraba más lejos que nunca de alcanzar su objetivo. Una vez más, puso sus problemas ante el Divino Niño y derramó muchas lágrimas de dolor ante la imagen amada. En una de estas ocasiones, oyó estas palabras:

“Colócame a la entrada de la sacristía y encontraras quien se compadezca de mi.“

Así lo hizo y regresó a su habitación, lleno de nueva esperanza, recomendando todo a su querida Madre Celestial. Pronto, un extraño llegó a la sacristía y se ofreció a que la pequeña imagen se reparara a su costa. El superior con mucho gusto aceptó su oferta y en pocos días la estatua fue reparada expuesta a la veneración en la iglesia. El Niño Jesús recompenso abundantemente al extranjero por esta buena obra.

Mientras tanto, nuevas aflicciones visitaron a la comunidad. Una peste estalló en la ciudad. El superior, también se puso gravemente enfermo. Cuando se encomendó al Divino Niño, se comprometió a decir la Santa Misa ante la imagen durante nueve días consecutivos, si se recuperaba. De inmediato sintió alivio y en unos pocos días fue completamente restaurada su salud. Él cumplió la promesa y desde ese momento en adelante, con fervor promovió la veneración del Niño Milagroso.

Algún tiempo después, nuevamente hubo una gran necesidad en el monasterio. El superior entonces ordeno las oraciones al Divino Niño, en la que todos los miembros de la comunidad participaron. Después de tres días, una donación generosa fue dada a ellos de forma inesperada. La estatua del Santo Niño fue trasladada a la iglesia para que la gente también pudiera venerar la imagen milagrosa.

En 1641, una señora donó una importante suma de dinero para el monasterio, expresando el deseo de que el altar se erigiera a la Santísima Trinidad. Esto se hizo y la milagrosa imagen fue colocada en un magnífico sagrario de oro para la veneración pública.

Susmuchos benefactores, quienes donaron diversos adornos para el santuario, fueron bendecidos abundantemente, pero las personas que trataron a la milagrosa imagen indignamente fueron severamente castigados y por lo general sin demora.

En 1642, una noble dama tenía una elegante capilla construida para el Divino Niño. Esta capilla fue dedicada a la fiesta del Santo Nombre en 1644 y la Santa Misa se celebró en el por primera vez. La Fiesta del Santo Nombre de Jesús se convirtió así en la principal fiesta del Niño Milagroso de Praga.

La devoción al Santo Niño se ha esparcido por todo el mundo. Favores asombrosos se han reportado.

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